sábado, 13 de agosto de 2011
The Start Of Something Beautiful
En mis pensamientos siempre estás
En mis sueños siempre estás
Tengo tu voz en cinta
Tengo tu espíritu en una fotografía
Fuera de alcance siempre estás.
Eres (el) frio dentro de mis brazos
Eres simple como un niño
Recuerdo cuando tomaste mi mano y me llevaste a través de la lluvia
Abajo dentro de mi alma estás.
Mientras más muestro la manera en que me siento
Encuentro que menos importancia le das
Mientras más (te) logro conocer
Encuentro que menos (te) entiendo
Inocente; fue el tiempo que estuvimos. Olvidé mencionar que eramos buenos amigos
¿Pensaste que era el comienzo de algo hermoso?
Bien, piénsalo otra vez.
(tu) Madre ha perdido los cuidados por ti
(tu) Padre nunca te necesitó
Confié en amar y encuentro que nunca sentiste lo mismo
Hay algo en tu corazón muy cruel.
viernes, 5 de agosto de 2011
Dulce incertidumbre
¿Para que he vivido uno de los instantes de más exorbitante placidez para luego ser arrebatados de la manera más cerril posible? ¿Para que he sentido calma y complacencia en el corazón? ¿Para que cambió el semblante de mi aliento? ¿Para que se inspiró mi voluntad en el tierno sonido de tu voz y en tus miradas inocentes?
Alguien no hace mucho me dijo que la vida, la providencia, el universo, Dios, la divinidad, nos enviaba “algo” para hacernos la vida menos difícil, para distraernos, para cobrar alientos, para sentir de nuevo, vivir de nuevo, o quizás, por primera vez; quizás. Y es que aguardar los cambios es una sensación extraña, incómoda, es como estar atado a los rieles y escuchar como se aproxima el tren, lentamente...
Pero no imaginaba yo, llegara donde menos lo esperaba y en la forma en la que menos suponía, “el sentimiento efímero” “proceso hormonal instintivo” así llamaba por esos tiempos a aquel amalgama de sensaciones que me tomó desprevenido.
Ir sin premisas, sin prejuicios, dejar manuales, olvidar la experiencia, rechazar dictámenes. Si es que ya tenía el orgullo deshecho, no lo iba renovar de nuevo, ni pretendía confundir la vanidad con la dignidad.
Y es que en estas cosas es el pragmatismo el que me dirige, no me importaba hacer ni decir cosas que considero propiamente frívolas, ni tampoco me incomodaba pensar trivialidades tiernamente desgastantes, al contrario, me producían, ocasionalmente, cierto bienestar, y por momentos, cierta incertidumbre, dulce incertidumbre.
Y no pensaba en nada más, no había más preocupaciones, no había más interrogantes, era como si todo girara en torno a aquella imagen, a aquel sonido, aquella sonrisa , aquel suspiro. Y era tonto y loco, era inútil e ingenuo, era irracional, era contradictorio.
Y era como si el mundo no quisiera hablarme de otra cosa, no había más nombres, no habías más rosas, como si el verbo sólo conjugara con aquella fantasía, aquel sueño, aquella quimera, aquel anhelo. Y era iluso y vago, era ideal e irreal, era precipitado, era inconsecuente.
Alguien no hace mucho me dijo que la vida, la providencia, el universo, Dios, la divinidad, nos enviaba “algo” para hacernos la vida menos difícil, para distraernos, para cobrar alientos, para sentir de nuevo, vivir de nuevo, o quizás, por primera vez; quizás. Y es que aguardar los cambios es una sensación extraña, incómoda, es como estar atado a los rieles y escuchar como se aproxima el tren, lentamente...
Pero no imaginaba yo, llegara donde menos lo esperaba y en la forma en la que menos suponía, “el sentimiento efímero” “proceso hormonal instintivo” así llamaba por esos tiempos a aquel amalgama de sensaciones que me tomó desprevenido.
Ir sin premisas, sin prejuicios, dejar manuales, olvidar la experiencia, rechazar dictámenes. Si es que ya tenía el orgullo deshecho, no lo iba renovar de nuevo, ni pretendía confundir la vanidad con la dignidad.
Y es que en estas cosas es el pragmatismo el que me dirige, no me importaba hacer ni decir cosas que considero propiamente frívolas, ni tampoco me incomodaba pensar trivialidades tiernamente desgastantes, al contrario, me producían, ocasionalmente, cierto bienestar, y por momentos, cierta incertidumbre, dulce incertidumbre.
Y no pensaba en nada más, no había más preocupaciones, no había más interrogantes, era como si todo girara en torno a aquella imagen, a aquel sonido, aquella sonrisa , aquel suspiro. Y era tonto y loco, era inútil e ingenuo, era irracional, era contradictorio.
Y era como si el mundo no quisiera hablarme de otra cosa, no había más nombres, no habías más rosas, como si el verbo sólo conjugara con aquella fantasía, aquel sueño, aquella quimera, aquel anhelo. Y era iluso y vago, era ideal e irreal, era precipitado, era inconsecuente.
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