Digo, pues, que los mortales ignorantes de las dulces emociones paternales son dichosos más que aquellos que engendraron descendencia. Los que nunca hijos tuvieron, la experiencia no les dice si a los hombres dieron gozo o dieron pena, o sin ellos se libraron de muchísimos cuidados.
Los que tienen en sus casas dulce prole véolos siempre consumidos en afanes: ya el cuidado de educarlos con esmero, ya el afán de crearles medios de vivir cómodamente. Fuera de ello no están ciertos si trabajan para seres que han de ser buenos o malos.
Y, postrero de todos los males que agobian al hombre, menciono el siguiente: si acaso abundantes recursos de vida hubiese obtenido, si acaso, hombres buenos, la edad juvenil alcanzaron, si un dios le dispone la muerte hacia Hades se lleva a los hijos. ¿Por qué, pues, aparte de tantos afanes imponen al hombre los dioses éste, el más tremando, por causa de un hijo?
(Eurípides, Medea).
sábado, 25 de febrero de 2012
La tragedia de ser padre
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