domingo, 10 de marzo de 2013

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Me gustaría entender mejor muchas cosas, pero no sé por donde empezar. Sería bueno ser distinto. Conservar algunas cosas pero cambiar muchas otras. Me pregunto cuántos pensarán lo mismo. Supongo que hay muchas personas que quisieran ser otras personas. Nadie específico, solo otros. Ojalá que hubiera una manera sencilla (y en lo posible indolora) de escapar. Es aburrido ser esto tanto tiempo. Siempre dicen que uno cambia y se adapta y se transforma pero en últimas hay un desgaste de la percepción de lo que uno es. No creo que desgaste sea la palabra correcta para describir lo que siento pero es la primera que se me ocurrió. Tal vez con el tiempo es más difícil aceptarse porque todas las cosas malas y recurrentes se sienten cada vez peores, más tristes, más irreparables. Entonces uno empieza a dudar de todo y a preguntarse para dónde va. Por qué deja que el tiempo lo arrastre así. Por qué piensa tantas cosas y hace tan pocas.
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No sé qué esperaba de mí. Una de las cosas de la identidad es que, si no se piensa demasiado al respecto, es posible vivir toda la vida convencido de que uno es el mismo que antes y lo que cambia (¡y cómo cambia!) es el mundo. Sin querer, sin notarlo, para mi bien, voy renunciando a todo lo que fui, a lo que quise y no tengo, a lo que esperaba de mí y no alcancé. Apenas quedan rastros en mi conciencia de lo que esperaba de la vida hace quince años. Y no es que no me reconozca o no me recuerde, es que lo que soy se adapta a lo que tengo. Este mecanismo me permite vivir sin sentirme constantemente derrotado.
 Javier Moreno,  Inframundo