-Nadie podía disfrutar mejor de la libertad ni podía plegarse con más gracia que ella a la sumisión o lanzarse al capricho.
Su rostro era reflejo de su mente; sus ojos de color almendras, muy despiertos, como los de un pájaro, tenian una atractiva dulzura. Su figura liviana y graciosa era capaz de soportar grandes jornadas, aunque parecía la criatura más fragil del mundo.
A mí me deleitaba su fantasía, y amaba cuidarla como a un animalillo. Debo reconocer que jamás vi tanta gracia, tanto en su apariencia como mental, prendida en tanta modestia.
-El tiempo la había cambiado notablemente. Seis años atrás era una joven bonita y agradable; ahora, en cambio, era una mujer de excepcional hermosura. La frente, amplia y despejada indicaba su gran franqueza. Sus tiernos ojos color miel se teñían ahora con la pena de su dolor. Su pelo era de un brillante castaño rojizo, la tez clara y la figura menuda y grácil.
-¡Prima querida!, dueña de pensamientos tan tiernos y dulces como sus ojos propios. Y yo, un miserable. Nadie puede concebir la agonia que padecí entonces.
-Pero me frenaba el recuerdo de la heroica y abnegada Elizabeth, a quien amaba con ternura, y cuya vida estaba íntimamente unida a la mia.
-Amo a Elizabeth tierna y profundamente. No he conocido a ninguna mujer que me inspire, como ella, tanta admiración y afecto. Mis esperanzas y deseos para el futuro se fundan en la perspectiva de nuestra unión
-Ese día moriría y quedaría satisfecha su maldad. Esto no me asustaba; pero imaginar a mi querida Elizabeth derramando lágrimas de inconsolable dolor al ver cómo le era arrebatado su marido me hizo embargarme en llanto, pero decidí no sucumbir ante mi enemigo sin luchar.
-¡Dulce y adorable Elizabeth! Lei varias veces su carta, y ciertos sentimientos de ternura se adueñaban de mi corazón; pero la manzana había sido mordida. y el brazo del ángel se armaba para privarme de toda esperanza.
Sin embargo, esta dispuesto a morir por la felicidad de Elizabeth. Si el monstruo llevaba a cabo su amenaza, la muerte sería inevitable.
-Quiero a Elizabeth y deseo nuestra boda. Por lo tanto, fijemos el día; en él que me consagraré, vivo o muerto a felicidad de mi prima.
-¡La Vida Es Verdaderamente Obstinada! ¡Se Aferra A Quienes Más La Desprecian!
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