No hay preguntas estúpidas (I)
Excepto para los niños (que no saben lo suficiente como para no dejar de hacer las preguntas importantes), pocos de nosotros dedicamos mucho tiempo a preguntarnos por qué la naturaleza es como es; de donde viene el cosmos, o si siempre ha estado allí, si un día el tiempo irá hacia atrás y los efectos precederán a las causas; o si hay límites definitivos a lo que deben saber los humanos. Incluso hay niños y he conocido a algunos, que quieren saber que es un agujero negro, cuál es el pedazo más pequeño de la materia, por qué recordamos el pasado y no el futuro, y por qué existe un universo.
De vez en cuando tengo la suerte de enseñar en una escuela infantil o elemental. Encuentro muchos niños que son científicos natos, aunque con el asombro muy acusado y el escepticismo muy suave. Son curiosos, tienen vigor intelectual. Se les ocurren preguntas provocadoras y perspicaces. Muestran un entusiasmo enorme. Me hacen preguntas sobre detalles. No han oído hablar nunca de la idea de una "pregunta estúpida".
Pero cuando hablo con estudiantes de instituto encuentro algo diferente. Memorizan "hechos" pero en general, han perdido el placer del descubrimiento, de la vida que se oculta tras los hechos. Han perdido gran parte del asombro y adquirido muy poco escepticismo. Los preocupa hacer preguntas "estúpidas", están dispuestos a aceptar respuestas inadecuadas; no planean cuestiones de detalle; el aula se llena de miradas de reojo para valorar, segundo a segundo, la aprobación de sus compañeros.
Vienen a clase con las preguntas escritas en un trozo de papel, que examinan subrepticiamente en espera de su turno y sin tener en cuenta la discusión que puedan haber planteado sus compañeros en aquel momento.
Ha ocurrido algo entre el primer curso y los cursos anteriores y no es sólo la adolescencia. Yo diría que es la presión de los compañeros contra el que destaca (excepto en deportes); en parte que la sociedad predica la gratificación a corto plazo; en parte la impresión de que la ciencia o las matemáticas no le ayudan a uno a comprarse un coche deportivo; en parte de que se espera poco de los estudiantes, y en parte que hay pocas recompensas o modelos para una discusión inteligente sobre ciencia y tecnología...o incluso para aprender porque sí. Los pocos que todavía demuestran el interés reciben el insulto de "bichos raros", "repelentes" o "empollones".
Carl Sagan, El mundo y sus demonios.
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