jueves, 9 de mayo de 2013

La duda como pecado

El cristianismo ha hecho todo lo posible por crear un círculo infranqueable en torno a él: declara que la duda, por sí sola, constituye ya un pecado. El individuo debe arrojarse sin pensarlo en la fe, olvidándose de la razón, en virtud de un milagro, y nadar desde entonces en ese elemento más claro y menos equivoco que ningún otro; lanzar una simple mirada a la tierra firme, pensar que quizá la existencia sea algo más que nadar, el menor movimiento de nuestra anfibia naturaleza, son suficientes para hacernos caer en el pecado. Es de advertir que, según esta forma de pensar, tratar de probar la fe y reflexionar sobre los orígenes de ésta son actos pecaminosos. Lo que se exige es estar ciego y ebrio, elevar un cántico eterno por encima de las olas en las que se ha ahogado la razón.

Friedrich Nietzsche, Aurora

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