Eres como la luz blanca que une todos los colores del espectro, pues al reflejar tus sentimientos en tus acciones, reúnes toda la bondad, belleza y ternura que tan cautivados tienen a mis adentros.
Y como las estrellas que iluminan el camino de los navegantes en sus viajes oceánicos, pues diriges mis sentimientos al compás de la inocencia de tus besos y el ardor de tus abrazos.
Contigo he conocido aspectos inimaginables de mí que desconocía
Por vos me han vibrado cada uno de mis nervios y exaltado cada glóbulo de mis venas
¿Cómo llamarte, pues, despertar de mis más profundos sentidos?
¿Cómo llamarte, pues, alegría que revierte mis penas?
¿Y qué hacer si mis labios se sienten atraídos por los tuyos y por tu piel?
Porque tu presencia es la vigilia de mis ojos
El estado de emergencia que domina mis pensamientos
El ideal que se ha tomado mis cimientos.
¿Y qué decirle al futuro incierto cuando se pregunte por un amor puro?
Que el cantar de su sonrisa expresaba más que mil sinfonías
Me liberaba de todos los temores y apatías
Que bajo el tierno yugo de sus miradas hubo razones que la razón ignoraba y
adorables acontecimientos sin explicaciones ni teorías.
Porque eres como el solsticio de mi calendario, aún cuando el tiempo contigo no puede medirse en minutos, horas o días, la duración de tan plácida ocasión se hace eternamente momentánea.
Y como el ascua de mi interno candelabro; la llama que enciende el motivo de mis amaneceres y el anhelo de mis desvelos; el fuego que si se apaga, inerte deja mis entrañas.
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