¿Estarían ustedes dispuestos a tomar una píldora que les garantizara una felicidad pasiva sin efectos secundarios? ¿Consideran que no hay diferencia alguna entre hacer un viaje a un sitio remoto y meterse en una máquina que reproduzca esa misma experiencia y nos haga olvidar el artificio?
Me gustaría pensar que no. Casi todos rechazaríamos la felicidad encapsulada y los viajes artificiales: para eso tenemos los sueños. La felicidad es una búsqueda que implica riesgos y requiere oblicuidad. La dicha en línea recta termina aburriéndonos; se convierte en una negación de la vida. Las personas felices en la inconsciencia son meros autómatas. Cuando estaba terminando el colegio, mi papá me decía con frecuencia: "feliz es un bobo chupando caña".
Esa frase era una invitación a rechazar las formas automáticas de felicidad. La vida que vale pena vivir es más que una acumulación de momentos felices. La felicidad requiere, en últimas, de complicaciones.
Alejandro Gaviria