martes, 30 de abril de 2019

Cuando la recompensa es pequeña, pero la emoción enorme.
Cuando no hay juicios ni prejuicios.
Cuando no hay reproches, sino miradas.
Cuando no te une nada, y por eso te une todo.
Cuando no nos asusta el mañana porque olvidamos el ayer y el hoy.

Cuando arden los sonidos en el éter
y el alba se agazapa en la sombra
Para siempre, en el mundo enmudecido
sólo quedan dos voces: la tuya y la mía
Y bajo el viento de invisibles Ladogas
casi a través de un sonido de campana
en un ligero brillo de arcoiris cruzados
se convirtió el diálogo nocturno

Suanzes/ Ajmátova

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