miércoles, 8 de agosto de 2012

Sócrates sobre la muerte

Una de dos; o la muerte es la extinción absoluta del ser..., de la sensación, o, como dicen, es una mudanza y un tránsito de aquí a otro mundo. De ser una extinción y de asemejarse a un sueño sin ensueños, entonces la muerte es para nosotros una gran ventaja. Porque a la verdad, si alguien eligiese una noche en la que haya dormido de tal modo que no haya tenido ni un ensueño y después de haber comparado todos los demás días y noches de su vida con esa noche, hubiese de decir, bien meditado todo y en conciencia, cuántos días y noches los pasé mejor y más agradablemente que aquella noche, estoy seguro de que, no ya un hombre de pueblo, pero ni el mismo Gran Rey, hallarían sino muy contados. Luego si la muerte es algo así, digo que salimos ganando, porque de ese modo toda la eternidad no es más que una sola noche. Pero si la muerte es un tránsito a otro mundo y es verdad lo que se dice de que en ese mundo están todos los que murieron ¿qué otro bien mayor cabe imaginar? Porque si al llegar al infierno, libre uno ya para siempre de estos que se llaman jueces, se encuentra en la nueva mansión con los jueces verdaderos que, según se dice, juzgan allí a las almas: Minos, Radamanto, Eaco, Triptolemo y todos esos otros semidioses que en vida fueron justos, decidme: ¿será de desdeñar el viaje? ¿Cuánto no se daría por platicar con Orfeo, Museo, Hesiodo y Homero? Ah, yo quiero morir mil veces si eso es verdad. ¡Qué placer más intenso para mí encontrarme con Palamedes, con Ayax el de Telamón, y con todos aquellos que en tiempos pasados murieron víctimas de injustas sentencias! No sería poco grato para mí, de fijo, comparar mis aventuras con las suyas.
(Platón, Apología de Sócrates)

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